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Algunos años después de haber iniciado mi carrera profesional, pase por diversos ciclos de subidas y bajadas de peso, por algún motivo no encontraba la forma de mantenerme en un peso razonable.

¡Pero qué más da! era joven y sabía que podía bajar mi peso si entrenaba para una competencia de voleibol (una de mis pasiones) o si me colocaba a correr como un loco (que era lo más parecido a un entrenamiento planificado que sabía).

Pero me deje, que entre en lo que llamo el circulo vicioso, conforme aumentaba mi responsabilidad profesional lo hacía mi talla, me veía en el espejo y me auto justificaba, me decía “me veo bien”, me colocaba de lado mirándome al espejo y decía “pero estoy fuerte”.

Me pesaba y ya eran 86 kilogramos, y me decía a mí mismo, “no estoy tan mal”, son solo 8 kilos de sobrepeso. Me auto justificaba, confirmaba esas vías neuronales que me llevaban a comer tipo festín.

Dos hamburguesas con papas fritas queso y tocino por la noche después del trabajo, al otro día una pizza familiar con doble queso, al siguiente dos bombas con crema pastelera de merienda, la próxima noche tres arepas con huevo, queso y mantequilla.

Mi vida profesional en ascenso y mi alimentación estaba en descontrol, pero mi mente me decía que eso estaba bien. ¿Por qué? Porque me auto justificaba muy bien. Era el maestro.

Mis familiares (por amor), me decían, “te ves muy bien, rozagante y fuerte”; mientras sumaba otra talla a la correa o cinturón, ya la talla 38 iba quedando atrás. Así lento pero seguro se vinieron mis 95 kg en los mejores días, y ya no eran solo 8 sino 15 kilogramos de más.

Mi salud desmejoró, me habían declarado hipertenso, mi estrés laboral me llevaba a visitar la emergencia de vez en cuando, mi colesterol, triglicéridos y azúcar estaban por encima de los límites altos, dolores de cabeza diarios, molestias musculoesqueléticas; la espiral hacia el desastre.

Pero por algún motivo, no hacia nada para cambiar la situación, todos eran pañitos de agua caliente: me inscribía en el gimnasio y asistía una semana para abandonar la otra, mis visitas al nutricionista erar frustrantes con dietas restrictivas e imposibles de llevar, que si las 6 comidas, que si media rebanada de pan con una lonja de jamón de pavo y una taza de café sin azúcar para un desayuno de campeones.

En fin, sé que de esto sabes mucho mas que yo.

El factor detonante fue un día que me desvanecí luego de un mareo al subir dos pisos apresuradamente por las escaleras. Estaba solo, sentí que el mundo se venía abajo. No pasó de ahí, pero visto mi antecedente, pudo ser mucho peor.

Esto significó un antes y un después en mi historia.

Pero yo no quiero que llegues a ese punto de inflexión, ni deseo que te de un ataque al corazón o un accidente cerebro vascular para que reacciones.

Sé que puedes prevenir, y actuar ahora. Antes de que sea tarde. En mi programa de transformación encontrarás lo que necesitas para conseguirlo.

Luego de trabajar con muchas personas, me he percatado de que llegan con una serie de creencia limitantes o bloqueos, y esto es un factor clave en el proceso de transformación y en el éxito futuro de cada participante del programa.

Cómo sabes, soy coach y uno de los pilares que abordo directamente es la mentalidad, inclusive antes de empezar. Así será de importante.

Por eso te quiero compartir las creencias típicas, separadas en dos grupos, el primer grupo las dirigidas desde ti mismo o internas, y el segundo grupo las referidas al proceso o externas.

Estoy seguro de que habrá muchas más o que las redactarías de forma distinta, con otras palabras, en fin, esta es una orientación.

Las creencias limitantes sobre ti mismo o internas, son las siguientes:

  • “Esto no funciona para mí”
  • “Yo no puedo perder peso”
  • Nada funciona para mí”
  • “Es mi genética”
  • “Mis huesos son anchos o soy grande”
  • “Ya lo he probado todo”
  • “No tengo fuerza de voluntad

Las creencias limitantes sobre el proceso o externas, son las siguientes:

  • “No puedo”
  • “Soy así”
  • “Tengo flojera o desgano”
  • “Voy a pasar hambre”
  • “Me pondré de mal humor”
  • “No voy a tener tiempo”
  • “Me va a doler”

Estas comparten dos características significativas, en ellas podremos encontrar las herramientas para derrumbarlas, transformarlas y generar nuevas creencias potenciadoras.

La primea característica es que a través de estas creencias limitantes determinamos lo que puede significar el dolor/placer, o lo que es correcto/equivocado, lo que es bueno/malo, lo que es saludable/dañino.

La segunda característica es que ellas no son absolutas, son nuestra interpretación de los hechos del pasado, de referencias de otras personas, de situaciones familiares, experiencias que hemos internalizado; por tanto, si las analizas sabrás que es imposible que sean totalmente ciertas.

Este marco de referencia es tu estándar mental con que te auto justificas. Es lo que te mantiene en ese círculo vicioso, en ese estado de inacción, en ese estado de “normalidad” porque “soy así”.

Para simplificarte la vida (suena simplista), te comparto una lista de nuevos paradigmas que han creado los participantes del programa de transformación FAST en nuestro ultimo encuentro en el marco del FAST EXPIRIENCE CLUB, un espacio generativo de inteligencia colectiva.

Estos son:

  • Dejar las expectativas a un lado, cree en ti y en el proceso.
  • Doy lo mejor de mí, a pesar de todo (y de mí mismo).
  • Estar saludables es mucho más fácil, es una experiencia bonita y enriquecedora.
  • El número (peso, índice, medida) no significa que estás bien, si no te siente bien.
  • Comer sano significa comer rico o delicioso.
  • La conciencia y conocimiento aplicado en la salud.
  • Me entusiasma ejercitarme con dinamismo y diversión.

Para terminar, una de mis frases favoritas.

Tanto si crees que puedes como que, si no, tienes razón.

¿Cuál es tu creencia? ¿Cuál paradigma escoges trabajar?

¡Te leo!

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